El conocido fotógrafo argentino realizó el relevamiento fotográfico del mural antes de su desarmado. Para ello iluminó el sótano y vio en todo su esplendor la obra de Siqueiros pintada en 1933. Emoción y deslumbramiento fue lo que sintió Sessa cuando vio por primera vez el mural que iba a fotografiar. No sospechaba que iba a ser el último que lo lograra.

Por pedido, reeditó el material fotográfico nuevamente en 2003 y volvió a sentir aquella emoción que lo embargó la primera vez. Sin dudarlo, estaba ante una obra maestra. Sus fotos, de absoluta maestría, muestran lo mejor del arte de Siqueiros y de la fotografía de arte.