Nació en Pan de Azúcar, Uruguay, en 1905. Su madre murió cuando tenía tres años y fue internada en un colegio de monjas de donde huiría con el poeta peruano Juan Parra del Riego, quien fuera su primer marido y de quien tuviera el primero de sus cuatro hijos.
Participó de una carrera tremenda para lograr notoriedad junto con Tina Nodotti, Frida Kalho, Alma Reed, Magda Portal, y más tarde Eva Perón. Para algunos, Blanca Luz era “la Rosa Luxemburgo americana”, para otros, “el colchón de América”. Llegó a encandilar a alguien como Borges. Supo utilizar su inteligencia, su cuerpo, y su imagen para construir en torno suyo un mundo imposible de otra forma. Esta mujer decidió moverse en un mundo de machos violentos y alcohólicos, de armas y cintos para pegarles a sus esposas cautivas. La mujer uruguaya, en esos años, estaba viviendo cambios violentos, luchaba para ocupar un espacio que se ganaba día a día. Entre sus metas estaba la Universidad de las Mujeres, los derechos civiles femeninos, el divorcio. Era una mujer de la Vanguardia, de la primera Modernidad. Despertó pasiones de todo tipo: ideológicas, literarias, artísticas, humanas, homosexuales y heterosexuales. Fue modelo y antimodelo para más de una generación.
Tras la muerte de su primer marido, viajó a Perú para conocer a su familia política. Allí cobró notoriedad. Comenzó a trabajar en política, y se conectó con mujeres de la talla de Magda Portal. También conoció a Mariategui, que ya era la máxima figura de lucha social en América del Sur. Todo esto duró hasta 1927, fecha en que el gobierno del Perú decidió acabar con la vanguardia izquierdista, encerraron en prisión a César Miró Quesada y a Serafín del Mar, y a ella la deportaron. Cuando llegaron a Chile, César y Blanca Luz ya estaban casados por poder, pero en 1928, cuando arribaron a Montevideo, César ya había sido borrado hasta de sus memorias. Su periplo terminó en Uruguay con Eduardito, su hijo. En ese lugar se cruzó con Siqueiros, en la casa de Giselda Zany. Blanca Luz dijo:"ya amanecía cuando decidí regresar a mi casa también a orillas del mar distante a veinte cuadras de donde me encontraba ahora. Siqueiros partió conmigo esa noche y para siempre..." La relación duró hasta 1933, al terminarse el mural de Don Torcuato.
La etapa de México se acabó, los días de sufrimiento por la prisión de Siqueiros, los soleados días de Taxco con sus éxitos y amigos se desdibujaron ante la violencia, los celos y el alcohol. De mujer luchadora por la liberación americana, pasó a ser una mujer golpeada, con su hijo a cuestas, de acuerdo con lo que el Partido ordenaba.
Regresó al seno de su familia, en Uruguay, donde recibía correspondencia casi a diario de Siqueiros, desde Buenos Aires, donde le escribía sobre su amor desesperado, logrando que ella viajara y se reencontraran. Blanca Luz se enamoró del propietario y mecenas Natalio Botana, donde se pintaba el mural. Con él estuvo un año, sin que se divorciara de Salvadora Medina, su mujer, quien seguía frecuentando la quinta, aunque ya no dormía en ella. En Crítica, el periódico propiedad de Botana, reestableció el contacto con el poeta Raúl González Tuñón, otro de sus enamorados. En 1934 viajó a Chile donde conoció a su próximo marido, el diputado e industrial Jorge Beeche Caldera, después de este episodio se divorció de Siqueiros.
En 1940 muere su hijo Eduardito en un accidente en Lima, era el único que había tenido con Parra del Riego y el segundo en morir después del de Siqueiros. Luego, tuvo otro con Carlos Bronson, que también fallece en un accidente. La sobreviven sus dos hijas mujeres. En un viaje a Buenos Aires conoció a Juan Domingo Perón y nació una leyenda sobre el romance entre ambos, hecho que se va a poder comprobar recién en 2043, cuando se abra el archivo de sus cartas privadas depositadas en una biblioteca de Estados Unidos con esa condición. Blanca no pudo con Eva, pues era tan o más fuerte que ella. Escribió: “Eva: hermosa y terrible criatura, dolorosa mujer, hecha de barro y soplo divino como todos los seres”.
En 1957 ayudó a Perón en el rescate de Guillermo Patricio Kelly, quien había sido encauzado en Chile; lo sacó de la cárcel disfrazado de mujer. Publicó diversos libros, en especial poemas y textos cortos, en muchos recordando sus años dorados en México.
Tuvo épocas tristes: se opuso tenazmente a Salvador Allende, paseándose vestida de luto frente al palacio de La Moneda, y apoyó a Pinochet por su franco anticomunismo.
Terminó sus días, deportada, en la isla Robinson Crusoe.