Ambito Financiero, Buenos Aires, Jueves 5 de febrero de 2004

Cultura firma convenio por pintura, pero decide juez

Siqueiros: polémico acuerdo por mural

Escribe:
Ana Martínez Quijano

El Lunes, el secretario de Cultura, Torcuato Di Tella, y la firma Dencanor –propietaria de “Ejercicio Plástico”, el mural que el mexicano David Alfaro Siqueiros pintó en la Argentina-, representada por la letrada Mirta Barruti, firmaron un convenio de cooperación y colaboración con el objetivo de “trabajar de forma armónica y consensuada” para “preservar la pintura de sus eventuales deterioros y, en caso que sea necesario, restaurarla”, además de exhibirla en el país por el plazo de un año.

El destino de “Ejercicio Plástico” ha sido decididamente adverso. Durante 58 años permaneció en un sótano, ajeno a los ojos del público, y luego de la extracción que demandó cortarlo en 7 rodajas, estuvo casi 13 años más padeciendo las peores condiciones de conservación, guardado en cuatro containers y trabado por un enmarañado litigio judicial.

Derrota Judicial

Los intentos del rescate que se intentaron hasta la fecha, desde la sanción de leyes y decretos hasta una inspección de la obra con características de espectáculo parecían inexorablemente destinados al fracaso. Sobre todo, porque hace unos meses la Secretaría de Cultura perdió el juicio que inició el ex secretario Rubén Stella con la intención de restaurar y exhibir la obra en el edificio del Correo Central. El fallo judicial dictamina que el Estado ya no puede intervenir en un bien de propiedad privada, y por esta razón el decreto que con bombos y platillos firmó el presidente Kirchner declarando al mural “Bien de Interés Histórico Artístico de la Nación” apenas alcanza para impedir su salida del país. De ningún modo posibilita el traslado, ni mucho menos la restauración, como erróneamente anunciaron algunos funcionarios durante la firma del decreto.

La primera pregunta que surge al leer el flamante acuerdo entre Cultura y los propietarios de la obra, el cuál es el beneficio de las partes en este contrato. Para comenzar, se menciona que “en caso de su eventual exportación, lo será siempre en forma “temporaria”, con la conformidad de “la propietaria” y expresa autorización del “Estado Nacional”, con el fin de que sea exhibida en otros países y previa contratación con entidades suficientemente representativas del extranjero que aseguren su preservación y devolución a la Argentina”.

No cabe duda de que permitir la salida de una obra tan codiciada por varios museos del mundo tiene sus riesgos. Se sabe que si el mural ingresara a México, donde la obra de Siqueiros forma parte del patrimonio nacional, su salida podría quedar trabada por las estrictas leyes de preservación patrimonial que protegen el arte de los maestros del muralismo. Leyes, que, por otra parte, no son tan rigurosas en nuestro país, que en las últimas décadas se ha convertido en exportador de auténticos tesoros artísticos porque ni siquiera se cumplen.

Y al finalizar el convenio dice que “la propietaria deja constancia de que comunicará al Estado Nacional una eventual venta de la obra y en este supuesto la compradora quedará obligada en los términos de presente, debiendo dar su conformidad expresa”. Palabras que inspiran un cúmulo de interrogantes, más que nada a mediano plazo, porque no una cosa es vender la obra en la Argentina, y otra muy diferente, que la adquiera una institución extranjera. Todos aspiramos a ver una obra de arte que no es un mural más, que es una pintura cumbre de la vanguardia latinoamericana, pero lo ideal sería que quedara en nuestro país.
Otro párrafo del convenio especifica que “le corresponde a “la propietaria” lo producido por la exhibición de la pintura”, a partir del plazo de un año y de su restauración total, sin perjuicio de los gastos que podrían financiar “eventuales patrocinadores”. Dato interesante para un Estado casi sin recursos, dado que no se compromete a financiar los elevados costos de montaje y restauración. Lo importante es que estas tareas serán realizadas bajo el control de ambas partes que podrán designar sus expertos, pero que de ningún modo “podrán modificar ni alterar el original. Un detalle que parece obvio, pero que nunca está de más aclarar.

Exhibición

En cuanto al lugar donde se exhibirá la obra, según informes brindados por algunos expertos a este diario, debe poseer dimensiones considerables: “El espacio debe ser tan amplio como para permitir que una grúa pluma levante las enormes partes del mural fragmentadas y lo ideal sería una plaza o un terreno al aire libre que se podría cubrir posteriormente”.

Finalmente, como el mural está en juicio, el convenio ingresó ayer al expediente judicial y la última palabra la tendrá el juez, que podría levantar las medidas cautelares y autorizar su exhibición, como aclara el escrito, “sin perjuicio de lo que resuelva los Tribunales”. En suma, se abre un nuevo capítulo de esta historia novelesca.