En 1928, Natalio Botana decidió construir su casa en Don Torcuato, área suburbana en crecimiento cerca de Buenos Aires. Quería una casa descomunal, gigantesca, para albergar a amigos, invitados, conocidos, desconocidos y entenados. Adquirió diez hectáreas que parquizó con árboles, caminos empedrados, esculturas, faroles y áreas para descansar, cabalgar y recorrer.
La casa principal era de grandes dimensiones con un patio central. En el jardín, y cerca de la casa había una enorme pajarera que aún sobrevive como cancha de paddle, tenía un micrófono cuyo cable llegaba al dormitorio, para que Botana se despertara con el trino de los pájaros. El parque era tan grande que, en los últimos años se instalaron los estudios cinematográficos Baires. Varias películas de Eva Perón se filmaron allí.
La mansión era un ejemplo de lo que se puede comprar con mucho dinero y con poco gusto. Tenía una pileta de natación descomunal. Había varias casas para huéspedes construidas con el mismo estilo, también una cabaña de troncos, un enorme lago artificial, caballerizas, cocheras, jaula para faisanes, surtidores con nafta gratis para los visitantes, donde también les lavaban el auto, canchas de tenis y para otros deportes. Era un reino privado. La cocina fue construida fuera del edificio, porque Botana no soportaba los olores de la comida en preparación.
La casa tenía un peculiar sótano, construido para jugar a las cartas y para degustar vinos. Fue allí donde se pintó el mural. Además, era un lugar en que nunca entraban mujeres. Allí realizó su obra Siqueiros; durante 1933 deambularon por la casa, además del pintor, Blanca Luz, Botana y Salvadora. En ese sótano se decidió el futuro de gobiernos, presidentes y golpes de estado.