El Maestro Serrano y Ejercicio Plástico

Llegué una mañana lluviosa a la finca Los Granados, en la Provincia de Buenos Aires, era el año de 1989. La emoción que sentí fue inmensa, estaba ante una obra excepcional y me di cuenta de que era necesario rescatarla sin importar el costo. Porque era de Siqueiros, por su valor estético y por el enorme reto técnico que implicaba intentarlo. El mural estaba abandonado, por los muros se filtraba la humedad al grado que corría agua por ellos, había charcos, restos de una fogata en el piso, grafitti y manchas de humo en la pintura. Ejercicio Plástico corría la peor suerte que puede tener una obra de arte: no ser vista.

La propiedad fue vendida una y otra vez hasta llegar a las manos de Héctor A. Mendizábal, quien deseó sacar el mural de la casa para exhibirlo, un mural que ocupa cada superficie utilizable, piso, techo, marcos de ventanas, todo para dar la sensación de estar al fondo del mar, en una esfera rodeada de bellos nadadores. No se deben escatimar esfuerzos, una obra de arte merece ser conservada para las generaciones futuras, así que dediqué seis meses a concebir el proyecto que permitiera salvar el Ejercicio Plástico.

El equipo constaba de ingenieros, laboratorios químicos, herreros, carpinteros, albañiles y estudiantes de artes plásticas, conmigo como su director.
El proyecto proponía sustituir los muros, la mampostería del recinto, los ladrillos, la mezcla de arena y cemento, que en algunos tramos alcanzaba hasta 70 cm de grosor, por una estructura de metal que pudiera armarse posteriormente en módulos, para recrear la forma original del recinto.

De esta manera, las secciones en las que debía cortarse el mural podrían unirse con facilidad y coincidir con las tareas de trabajo que había utilizado Siqueiros.
Se tenía que desmontar el comedor (y toda la estructura que cubría el sótano) y construir un galpón para proteger al mural de la intemperie. Hacer un levantamiento de toda la superficie trabajada, limpiarla y cubrirla con tela de algodón para evitar cualquier pérdida de la capa pictórica. Diseñar y construir la cimbra de metal para el interior, que además de cargar y recibir la cáscara de entre dos y doce milímetros de espesor, evitando que la estructura se deformara o colapsara, me permitiera el acceso interno al recinto para analizar diariamente las condiciones del mural y el estado de la estructura.

Había que liberar los muros y techos usando herramientas neumáticas para efectuar cortes con discos de diamante y remover pequeños trozos de ladrillo con un cuidado supremo, hecho consciente en los trabajadores gracias a su conocimiento que tenían sobre la importancia del proyecto.

Por otra parte, crear una estructura exterior de metal, resina Araldita cw 22-15 y agente espumante que se uniría al aplanado; seccionar en seis tramos el mural y hacer coincidir los cortes con las uniones de las tareas de trabajo que realizó Siqueiros.
Por último, sacar con una grúa las partes y colocarlas en sus contenedores. Cuando las secciones del mural vieron por primera vez la luz del día fueron liberadas de la tela de algodón para comprobar que la pintura no estaba dañada. El proyecto había sido un éxito.
Puedo decir que el proyecto del rescate del Ejercicio Plástico fue un trabajo que nos permitió, una vez más, desarrollar la capacidad de invención y realización del ser humano y que su éxito se debe a todas las personas que creímos en él, personas que en ningún momento escatimamos pensamiento, tiempo o esfuerzo para lograrlo.

www.siqueiros.inba.gov.mx

 

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